Ideas y valores en la conciencia histórica del Pueblo cruceño-camba

Gustavo Pinto Mosqueira

Las ideas y valores de un pueblo o comunidad humana, aquellas que forman parte de su memoria colectiva y constituyen uno de los elementos principales de larga duración en su historia propia, son las que también “hacen” al espíritu del mismo. Es lo que ha sucedido en el caso del Pueblo cruceño  -llamado “pueblo” ya después de unos 12 años de haberse fundado en 1561 la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Las ideas y los valores que lo han acompañado durante casi 450 años, tuvieron que generarse en un contexto geohistórico determinado y exponerse por escrito, lo que ha hecho posible que las generaciones futuras las conozcan.

Las ideas y valores de los cruceños, están registradas en la “Carta de Juan Pérez de Zorita al virrey don Francisco de Toledo en rrelacion del asiento y sucesos de Santa Cruz de la Sierra”, escrita desde Pojo el 5 de julio de 1573.  A mi entender, ahí están contenidas las ideas políticas y los valores vitales, morales, espirituales y religiosos que han acompañado al Pueblo cruceño-camba a lo largo de su historia. Pueblo expandido en un periodo de más de tres siglos por lo que se llama el Oriente boliviano (Santa Cruz, Beni y Pando).

En un momento de conflicto político contra una autoridad (gobernador) elegido a dedo por el virrey Toledo, esas ideas no harán más que confirmar y profundizar las diferencias que ya habían desde tiempos pre colombinos entre las culturas andinas o del kollasuyo incaico y las culturas de las tierras bajas chaco-amazónicas (ex gobernación de Moxos o Santa Cruz). Los incaicos –en una actitud de franco etnocentrismo (racismo, dirían otros), llamaban “chuncos”, es decir, salvajes, a algunos pueblos o etnias como, por ejemplo, los Lecos, de las tierras bajas. Los mestizos chiriguanos o ava guaraníes por su lado –creyéndose los mejores entre los otros grupos étnicos –, les hicieron la guerra a los incaicos hasta expulsarlos del piedemonte andino de la Cordillera, convirtiendo a los vencidos en sus esclavos o gente de servicios. Cuando llegó Andrés Manso a los llanos chaco-amazónicos bajando desde el Cusco y Ñuflo de Cháves desde Asunción del Paraguay, hubo un conflicto por quién de los dos tenía el derecho a quedarse con esas tierras descubiertas. Esto más se sumó al conflicto incaico versus culturas chaco-amazónicas. El nombramiento de Pérez de Zorita como gobernador de Santa Cruz por el virrey Toledo, en el marco de un régimen político-administrativo monárquico, fue un tizón más para aumentar el fuego de las disputas entre andinos y llaneros chaco-amazónicos.

Como efecto de este último conflicto político-militar entre el gobernador y los cruceños a la cabeza de Don Diego de Mendoza,  es que se puede conocer ese conjunto de ideas o razones y valores éticos que ya formaban parte del Ethos normativo del Pueblo cruceño-camba.

Así, Pérez de Zorita, en su carta después de relatar cómo fue detenido y destituido de su cargo de gobernador por Don Diego de Mendoza –quien había sido elegido gobernador por voto popular o el cabildo de la ciudad después de la muerte del capitán Cháves –, le expone, en dos pasajes, las diversas razones o causas que llevaron a que Mendoza, apoyado por más de 70 mestizos y varios hidalgos españoles vecinos de la ciudad, tomara dicha medida o determinación.

Entre otras razones, es esencial destacar las siguientes: Quebrantar las excepciones otorgadas a la ciudad o vecinos cruceños. Hacer ordenanzas rigurosas sin consultar al consejo del cabildo. Querer comerse las uñas por ahorcar alcaldes y regidores que los cruceños habían elegido antes. Nombrar cabildo de manera autoritaria, sin elecciones libres. Difamar o no respetar la “casa” (familia) de Ñuflo de Cháves. Tener celos y amenazar con castigar a la gente que visitaba a la casa de Don Diego de Mendoza. Tratar mal de palabras y con hechos a personas concretas, como el caso de Sebastián Balça y Francisco Delgado, acusando públicamente al primero de amotinador y al segundo de haber dicho en público palabras “muy sueltas” y amenazadoras contra el gobernador. Haberles quitado la cédula de encomiendas a los vecinos con la excusa de que estaban viejas o ilegibles o eran falsas y, por tanto, era necesario renovarlas, arguyendo, además, que las repartidas por Cháves no tenían sustento real por haberlas hecho por “simple noticia”, es decir, sin conocer las poblaciones realmente existentes en el lugar. Tener la costumbre de jurar por la verdad en nombre del rey, del cielo y de la tierra, pero no cumplir con su palabra. Comprar comida y otras cosas necesarias a cambio de cuchillos y tijeras, sin pagar las cosas con moneda. Haber tratado mal a algunos vecinos cuando les habló de trasladarse más hacia la Cordillera y querer obligarlos a dejar Santa Cruz de la Sierra en contra de la voluntad de los cruceños. Decir con cierta arrogando que entre los vecinos de la ciudad no había ninguno que pudiera darle consejos. Comprar una casa con sobreprecio. Tener tan oprimidos o controlados a los vecinos que aún hasta para buscarse el sustento tenían que pedir licencia al gobernador (medida que Pérez de Zorita había tomado a causa del mestizo Gaspar de la Rocha que “era tan suelto y libre” que se iba de la ciudad cada vez que le parecía sin su permiso). Tratar mal al fraile Juan siendo que éste había entrado a evangelizar a los indígenas. Entre otras razones, hay que destacar esta otra: Pérez de Zorita había hecho un comentario negativo sobre los mestizos, ante dos hispanos que estaban llenos de hijos en nativas o indígenas, calificando a los mestizos como “hijos de la maldición”, y a sus progenitores españoles de estar condenados o vivir en pecado por tener hijos ilegítimos; quejándose además, de que a esos hijos se los dejaba criar en forma totalmente libre. Ante esta postura del gobernador, uno de los progenitores de dichos mestizos les respondió que juraba que los quería “mucho mas (sic) que si fueran legítimos”. Esta actitud de los cruceños hispanos que tenían hijos mestizos nacidos de nativas, muestra que éstos últimos eran parte de la vecindad o del grupo humano cruceño que había fundado la cabecera de la gobernación de Moxos o Santa Cruz. García Recio en su obra “Análisis de una Sociedad de frontera. Santa Cruz de la Sierra en los siglos XVI y XVII”, publicada en 1988,  dice que esas ideas despectivas contra los mestizos, en este caso, cruceños o cambas, fueron traídas por los españoles o criollos que venían desde la zona andina o el virreinato del Perú.

Por supuesto, ante muchas de esas razones o motivos que tuvieron los cruceños para destituir de su cargo de gobernador a Don Juan Pérez de Zorita, éste en su carta trata de justificar sus medidas y actitudes para quedar como “víctima” o  “el bueno” ante el virrey Toledo.

De la segunda parte de las razones que expone en su carta, es fundamental destacar estas: Los cruceños sentían que sus intereses económicos y materiales serían afectados si el gobernador Zorita llevaba a cabo su plan de “tomarles residencia” o si hacía informes de cuántos “naturales” habían vendido, tratado o enviados a la zona andina o Perú. Con documento en mano, venido desde algún virrey anterior, o no, aunque más parece como un principio que los cruceños ya habían asumido, ellos decían que no podían ser removidos de sus cargos políticos por ninguna autoridad nombrada o venida desde el Perú. Que así como apresaron en el Paraguay a Cabeza de Vaca y lo enviaron a España y habían destituido de su cargo de gobernador a Francisco de Aguirre, los cruceños harían lo mismo con cualquier autoridad impuesta a fin de quedarse ellos con el gobierno para gobernarse a sí mismos. Que no se podía llevar o traer ninguna gente a la provincia o gobernación de Santa Cruz sin que los cruceños dieran su consentimiento, es decir, en contra de su libre voluntad. Que los cruceños no estaban dispuestos a sacrificar su libertad a cambio de someterse a un supuesto “orden y justicia” que el gobernador quería imponer de forma abusiva. A los cruceños no les interesaba irse a la zona andina de Charcas o el Perú porque ahí sólo había miseria. Que si alguna vez tendrían que abandonar la ciudad cabecera de la gobernación de Santa Cruz, se irían al Paraguay, o sea, al lugar de donde habían venido.

Hay un par de razones más fundamentales. Una la expone Don Diego de Mendoza ante Pérez de Zorita y los cruceños, reunidos en cabildo: que lo que tenían los cruceños en bienes y otras cosas viviendo ya en el lugar era para su sustento y la defensa de la ciudad y sus casas (o familias). Y que los feudos otorgados por su Magestad el rey no eran razón suficiente para cumplir su voluntad u obedecerle a las autoridades que venían en su nombre. Dos, que estaban molestos con el gobernador por sentarse él y su esposa cerca del sagrario en la iglesia durante las celebraciones religiosas; actitud que los cruceños entendían como una profanación de las cosas de Dios o de su fe ya que ellos se sentían muy cristianos.

En esa carta de 1573, en consecuencia, están contenidas las ideas y los valores que como grupo humano o colectividad los cruceños ya se habían formado hasta ese entonces. Algunas de esas ideas probablemente hoy hayan desaparecido o ya no tenga razón de ser. Pero otras, las más significativas, se han mantenido en el “espíritu cruceño-camba” a lo largo de la historia, de manera que siguen formando parte de su “ser” y actitudes, esto es, de su conciencia histórica colectiva como Pueblo.

En efecto, todavía en 1861, de esa fe religiosa de los cruceños, Dalens Guarachi en su escrito “Santa Cruz de la Sierra o el Oriente de Bolivia”, observaba esto: “Los cruceños, educados como han sido por los jesuitas, son muy religiosos, y quizás algo supersticiosos, en las grandes procesiones compran voluntariamente sus velones para acompañar a las efigies de los santos”. Durante la república de Bolivia, en el siglo XIX, el hecho de que más de un cruceño, como el caso de Andrés Ibáñez y los hermanos Domingos hayan luchado buscando convertir a Bolivia en un Estado federal, expresa de alguna manera ese deseo o voluntad de los cruceños de querer autogobernarse. Así también, en 1876, una vez Ibáñez fundó el Club Federalista con el objetivo de proclamar la “federalización” de Santa Cruz y Bolivia, la Junta Superior del Oriente, se manifestó diciendo, entre otros ideales, estos: “Una era de paz, igualdad y fraternidad se abrirá a través de cuantos obstáculos le presenta la centralizadora y tiránica forma de gobierno” andino que dirigía el Estado de Bolivia. Un año antes de la sublevación de Ibáñez, en 1875, la Asociación Federal, frente a las falencias del poder unitario de la República boliviana, había declarado el consiguiente “derecho (que tenía el pueblo cruceño, se sobreentiende) a gobernarse por sí y trabajar en su mejoramiento local”.  La demanda de autonomía departamental es otra muestra de esa “alma autónoma” o libre de los cambas cruceños. En 1876, Antonio Vaca Díez en su “Diario de Viaje” al norte del Oriente boliviano, hablando de Santa Cruz y el Beni –departamento a donde ya se habían ido a vivir  muchos cruceños, entre criollos, mestizos e indígenas –,  decía también que “no hay pueblo más dispuesto al gobierno civil (es decir, al autogobierno) que los de Santa Cruz y el Beni (Pando en ese entonces, no existía aún como departamento). Si no ha progresado con tantos elementos de vida con que los ha dotado la naturaleza, es por las trabas que opone el “centralismo”, al que podríamos llamar gobierno militar” (entiéndase tiránico). Esos mensajes en palabras y hechos son claros: en nombre del orden público o de la justicia no se puede sacrificar  el valor moral de la libertad o el “libre albedrío” del alma de los cambas.

En los años 30 del siglo XX, el lúcido intelectual cruceño, Rafael Chávez Ortiz, sostenía que tanto el federalismo y la descentralización administrativa como el separatismo, eran expresión de un “profundo anhelo de autonomía del Oriente boliviano”. Señalaba que las aspiraciones autonomistas del Oriente boliviano eran “justas” porque una “economía diferente (a la andina, que ese entonces era predominantemente extractiva minera), necesita una política económica diferente, y por ende una administración política diferente”. Hay que recordar aquí que el año 1931 en el referéndum por la descentralización del Estado y las autonomías universitarias, Santa Cruz y Beni (también Tarija y curiosamente Potosí), votaron a favor de la misma. Los otros departamentos andinos no apoyaron dicho proceso político-administrativo estatal.

Cuando el coronel cruceño Froilán Callejas después de la guerra del Chaco se sublevó contra el prefecto del departamento de Santa Cruz impuesto a dedo por el gobierno del dictador sucrense Toro, exigió, entre otras cosas, que los prefectos que sean nombrados a partir de ese año (1936) para Santa Curz, sean cruceños. Lo que de alguna forma expresa que a los cruceños o cambas no les gusta que persona ajena a ellos los manden o que se impongan de manera abusiva en cargos públicos a autoridades nombradas a dedo que vayan en contra de los intereses del Pueblo cruceño-camba.

La exigencia de elegir prefectos por voto popular el año 2004 durante el gobierno del paceño Carlos Mesa, ahora llamados gobernadores de departamento, es otro botón más que expresa esa actitud democrática de los cambas cruceños, mantenida desde los primeros años de la fundación de Santa Cruz de la Sierra “la Vieja”. El hecho de que a los cruceños o cambas no se les consulte y de forma abusiva o supuestamente legal, en nombre de la “unidad de la patria” o de que el Estado es dueño o soberano de todas las tierras de Bolivia, se les quite sus tierras o se asienten “colonos” andinos en territorio camba, bajo el discurso de que “todos somos bolivianos” -pero que en la práctica esto en un franco y descarado colonialismo interno que los collas, haciendo uso del Estado, practican contra los cambas-,  es algo que les sigue molestando y ante lo cual se seguirán oponiendo, y exigiendo que no se cometa esa injusticia y discriminación en contra de su libre consentimiento ni de sus intereses. Así también se seguirán oponiendo a la actitud andina o incaica de centralizar los recursos económicos en desmedro del bienestar material, social y cultural de los cambas. Porque eso sí, podemos decir hoy, es practicar un racismo etnoestatal disimulado: cuando abusando del centralismo estatal, los andinos le quitan los recursos económico-financieros al Pueblo camba (cruceños, benianos y pandinos) con el afán de frenar su progreso, bienestar y desarrollo social, cultural, intelectual y político.  La actitud  altoperuano o incaica sobradora contra los cruceños o cambas, aún no ha desaparecido desde cuando Pérez de Zorita decía que no encontraba ningún cruceño que le pudiera dar consejos en su forma de gobernar. Esa actitud se repite cuando desde la vicepresidencia se atreven a decir que “los cruceños no tienen una masa crítica” que proponga ideas a Bolivia. O cuando se les dijo “majaderos” a los empresarios o prefectos del Oriente boliviano, en una clara actitud de que el que lo dijo “dice la verdad, tiene la verdad y nada más que la verdad”, o  sea que no “miente”. Y a veces, el silencio de algunos cambas que hacen vida pública, les hacen sentir a los andinos que, sí,  ellos tienen la razón, cuando sabemos que eso no es así. Nadie es dueño de La verdad y para llegar a esta es un proceso de indagación de largo aliento que exige el concurso de varios hombres y mujeres y a veces de toda una comunidad humana. Y por lo que se ha visto, el Pueblo cruceño-camba tiene sus verdades en el campo vital, moral, espiritual y religioso, aun cuando en este último, el proceso de secularización del último medio siglo haya calado hondo en el alma de muchos cambas.

Santa Cruz de la Sierra, 04 de Octubre de 2010.

2 Comentarios »

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